𝗚𝗘𝗦𝗧𝗜Ó𝗡 𝗖𝗨𝗟𝗧𝗨𝗥𝗔𝗟 𝗬 𝗘𝗖𝗢𝗧𝗨𝗥𝗜𝗦𝗠𝗢
5/8/20244 min read


𝗚𝗘𝗦𝗧𝗜Ó𝗡 𝗖𝗨𝗟𝗧𝗨𝗥𝗔𝗟 𝗬 𝗘𝗖𝗢𝗧𝗨𝗥𝗜𝗦𝗠𝗢
La gestión cultural es una de las disciplinas más apasionantes, interdisciplinares y creativas que he conocido. También está muy afectada por el intrusismo, existen muchas personas que ocupan y desarrollan esta labor sin preparación alguna. Parece que damos por sentado (y lo más triste, por perdido) que en este país haya perfiles que desarrollan una actividad concreta sin que exista una formación previa para llevarla a cabo.
El otro día hablando con una amiga salió esta conversación y me insistió en que debería escribir en mis redes sobre la gestión cultural, que siempre que me escuchaba hablar sobre asuntos relacionados con la cultura, ella disfrutaba muchísimo, insistía en que debería compartirlo subiendo algunas publicaciones. Pues nada, si estoy desplegando estas líneas es señal más que evidente de que voy a hacerle caso. Cada cierto tiempo voy a hablar sobre un tema, relacionado con mis estudios en gestión y emprendimiento de proyectos culturales, bajo el prisma también de la creación y de la composición, materias que están muy relacionadas entre sí y que seguro darán asuntos muy interesantes que tratar. Hablaré sobre museos, galerías, editoriales, grandes eventos, el arte de programar, festivales, nuevas tendencias, tecnología y diseño para la cultura audiovisual, proyectos escénicos (cine y teatro), fundaciones y otros espacios institucionales relacionados con la cultura, la producción artística, la música y la danza.
Hoy me estrenaré hablando del ecoturismo en el ámbito cultural , asunto que he tenido muy en cuenta a la hora de diseñar mi proyecto soñado, la reconversión del ingenio azucarero del S.XIX en espacio cultural referente en nuestra ciudad: “El Molino de San Rafael”. Recientemente fui premiado por la Diputación de Málaga por mi propuesta y en la actualidad estoy luchando contra viento y marea para que sea una realidad. Tengo fe en que lo veáis, más aún de que lo disfrutéis.
El término ecoturismo (ecología, patrimonio, sostenibilidad, conocimiento, tradiciones, etc.) gana terreno cada día entre viajeros y empresarios de turismo rural, y abre una ventana por la que entra aire fresco y renovado. Luchar contra la despoblación debe ser algo más que un discurso recurrente. Hace falta un ambicioso plan estratégico, proyectos concretos, presupuestos, plazos, seguimiento, etc. Absolutamente todo, incluidas normativas sectoriales, debe tener el objetivo de ser fuente de oportunidades en el medio rural. La pequeña industria agroalimentaria, la incorporación de la mujer al sector primario, la discriminación fiscal positiva, apoyar actividades de emprendimiento innovadoras y mejorar el acceso a internet, ayudarán a mejorar la implantación del ecoturismo y del turismo rural. Sólo de esta manera podremos hablar de desarrollo y sostenibilidad en el medio rural. (Parra, 2020).
El ecoturismo tiene sus orígenes a finales de los años ochenta, y su aparición es debida al gran interés y creciente concienciación de la sociedad por el medio ambiente, apostando por prácticas más sostenibles y con menor deterioro del medio ambiente. En la actualidad, es de los mercados que más se ha desarrollado en los últimos tiempos, y según palabras de Hawkins & Lamoureux (2001) “es considerdo como el subcomponente de más rápido crecimiento en la industria más grande del mundo: el turismo”.
Actualmente el número de ecoturistas triplica al número de turistas que concebimos como más habituales (Starmer Smith, 2004). El impacto económico que esto comporta a las zonas más rurales es más que relevante, permitiendo un mayor desarrollo en el ámbito local y generando nuevos espacios de oportunidades. Se asiste a un mercado que crece de forma rápida y que habita dentro de una de las industrias más importantes del mundo: el turismo.
Actividades como la ganadería o la propia agricultura se asemejan a este nuevo concepto de turismo, ya que de igual manera parte de la tierra para crear beneficios y se convierte en una opción interesante para generar trabajo y expectativas de negocio en espacios como el que ocupa mi proyecto de reconversión: la comarca de la Axarquía. Ecología, innovación, futuro, sostenibilidad y mundo rural miran hacia el futuro cogidos de la mano. El proyecto conocido como “Smart Village” llevado a cabo por la Unión Europea lo pone en práctica con el fin de revitalizar el mundo rural a través de la innovación digital y social. La REDR (La Red Española de Desarrollo Rural) se suma a esta iniciativa asistiendo a las múltiples jornadas y talleres que ha realizado la UE sobre este proyecto.
Como principal actividad económica de la ciudad de Málaga, el número de turistas que llegan a la provincia están sobrepasados por la ya saturada oferta del binomio sol-playa, y en los próximos años, es fundamental anclar unas nuevas bases que vayan en sintonía con esta tendencia por lo sostenible y respeto hacia el medio ambiente. La Axarquía es de los mejores ejemplos de la provincia donde la agricultura, la poca edificación y la oferta también de playa, ofrecen un marco incomparable para ampliar este concepto ya caduco y explotado de turismo. Es necesario establecer un nuevo escenario con normas muy claras y prácticas que sirvan para desarrollar el ecoturismo, donde el patrimonio histórico, medioambiental, industrial e incluso musical se cuide con esmero y sirva de ejemplo y antagonismo ante “el exceso de urbanismo y a la falta de planes estratégicos de crecimiento (Quintana, 2005).
Es interesante también lo que las empresas de la comarca (posibles y potenciales inversores) obtendrían de beneficio en todo esto, a través de un nuevo escaparate de negocio, donde sus productos agrícolas (recordamos que es tierra de productos tropicales en su mayoría) establecerían un estrecho lazo con este nuevo concepto de turismo, que se asemeja y es comparable al de cultivo ecológico. Este punto resulta de interés para que la adhesión de aquellas empresas dedicadas a la producción agrícola y vinícola de la comarca, encontrando en él una oportunidad de futuro y de distinción en proyectos culturales relacionados con sus valores.
En definitiva, este desarrollo de turismo basado en la sostenibilidad está íntimamente ligado al respeto y cuidado de la naturaleza, a la cultura de la tierra, a la tradición que emana de ella. Como colofón quiero cerrar con aquella máxima de Weaver en la que afirmaba que “el ecoturismo se configura como una herramienta que fomenta el desarrollo sostenible en el destino”.
Fotografía: Jose Juan Pantoja
