𝗘𝗨𝗥𝗢𝗣𝗔 𝗬 𝗟𝗔 𝗥𝗘𝗖𝗢𝗡𝗩𝗘𝗥𝗦𝗜Ó𝗡 𝗖𝗨𝗟𝗧𝗨𝗥𝗔𝗟 𝗗𝗘𝗟 𝗣𝗔𝗧𝗥𝗜𝗠𝗢𝗡𝗜𝗢 𝗜𝗡𝗗𝗨𝗦𝗧𝗥𝗜𝗔𝗟

Daniel Lozano destaca su amor por el patrimonio industrial europeo, inspirado por lugares como la "Fabrique des Lumières" en Ámsterdam, que transforma fábricas en centros culturales. Lamenta la falta de uso del Molino del siglo XIX en Benamargosa, un espacio con gran potencial. Su objetivo es rehabilitarlo como un referente nacional de educación, cultura, gastronomía y sostenibilidad, generando oportunidades y memoria para la comunidad.

5/8/20242 min read

𝗘𝗨𝗥𝗢𝗣𝗔 𝗬 𝗟𝗔 𝗥𝗘𝗖𝗢𝗡𝗩𝗘𝗥𝗦𝗜Ó𝗡 𝗖𝗨𝗟𝗧𝗨𝗥𝗔𝗟 𝗗𝗘𝗟 𝗣𝗔𝗧𝗥𝗜𝗠𝗢𝗡𝗜𝗢 𝗜𝗡𝗗𝗨𝗦𝗧𝗥𝗜𝗔𝗟

Me gusta la Europa que apuesta por la cultura sin rodeo ni complejo alguno. No hay más interés ni pretensión que la cultura en sí misma, cuyo papel consiste en generar, transformar y crear oportunidades en una sociedad ávida de belleza, memoria, tradición, ritual y misterio.

Confieso que me encanta viajar. Uno de mis propósitos en cada uno de mis viajes es la de centrar el grueso de mi agenda en visitar museos, galerías, barrios alternativos, espacios reconvertidos en centros culturales, y por qué no, algún que otro concierto interesante (si lo hubiese, si no, no pasa nada). De entre todas las propuestas, huyo de cualquier aspaviento intelectual desprovisto de emoción, de los ambientes snobs de “modernitos y modernitas de temporada” y de proyectos que, de alguna manera, no tengan algo de holístico, ya sea por transversal, por tener vocación educativa o por reivindicar, política y/o socialmente.

Como gestor cultural tengo predilección por lugares con alma, antiguos, que tengan historia. Por eso me enamora el patrimonio industrial. Hace nada que visité Ámsterdam y estuve en la “Fabrique des Lumières”, antigua fábrica reconvertida en centro cultural. La propuesta se basaba en una proyección total, una experiencia visual y sonora que tenía como sostén los muros, el suelo y el techo de la sala principal de esta antigua fábrica dedicada a la elaboración de gas. Yo pensaba para mis adentros: “el molino de mi pueblo no tiene absolutamente nada que envidiar a este lugar”. Me da mucha pena que en mi tierra exista un Molino del S.XIX casi restaurado y sin uso alguno. De los pocos que tienen unas condiciones únicas para llevar a cabo una transformación cultural. Hice un proyecto hace años para rehabilitarlo, el cual me premiaron y me laurearon varias universidades. Aún sigo a la espera de que se haga realidad, con la misma ilusión del primer día en que creé este proyecto, que nació de mis inquietudes, mis conocimientos sobre gestión cultural y el amor por mi tierra, y cuyo objetivo es ser un referente nacional y situar al pueblo de Benamargosa en lo más alto. Este proyecto traería consigo muchas oportunidades: de trabajo, sería un ejercicio de memoria de nuestras tradiciones, de los que están y los que no están; un proyecto donde educación, cultura, gastronomía, sostenibilidad, formación y tradición encuentren un espacio común y de simbiosis total en esta Málaga cultural.

A menudo, conocidos, amigos, agentes culturales, políticos incluso… me preguntan por el desarrollo del proyecto del molino, por su inicio y su evolución. Y, como decía la canción de Manolo Tena, “y yo no sé qué contestar…”.

Sinceramente, mi proyecto está pensado, sentido, soñado y vivido para que sea donde tiene que ser: en este molino. Ojalá arranque pronto y algún día sea parte de la historia de esta tierra, corazón de los ingenios azucareros de la Axarquía malagueña.