𝗛𝗔𝗦𝗧𝗔 𝗟𝗢𝗦 𝗖𝗢𝗝𝗢𝗡𝗘𝗦 𝗗𝗘𝗟 𝗥𝗘𝗚𝗨𝗘𝗧Ó𝗡

Daniel Lozano reflexiona sobre el reguetón comercial, cuestionando su contenido superficial y machista. Aunque no critica el género en sí, señala la falta de sensibilidad y valor cultural en muchas de sus letras. Enfatiza que, como la alimentación, lo que escuchamos impacta nuestra salud emocional y mental.

5/8/20241 min read

𝗛𝗔𝗦𝗧𝗔 𝗟𝗢𝗦 𝗖𝗢𝗝𝗢𝗡𝗘𝗦 𝗗𝗘𝗟 𝗥𝗘𝗚𝗨𝗘𝗧Ó𝗡

Partiendo de que no existe un ritmo o música “mala”, de que los estilos en sí no son ni buenos ni malos, y que el buen gusto depende en gran medida de los cánones de belleza que vienen dados de los conocimientos musicales, el nivel cultural, la sensibilidad del oyente y su apertura mental, me temo que gran parte del reguetón comercial que nos llega es, francamente, una mierda. Así, sin paños calientes.

Muchos de los artistas mainstream representan el estereotipo del macho alfa: promiscuo, mujeriego, ostentoso, con más oro que cultura y más testosterona que neuronas.

Otro aspecto que me impacta de este estereotipo, ya muy arraigado en el reguetón comercial, es la baja calidad literaria de sus letras (y estoy siendo generoso al llamarlas “literarias”) y la constante asociación del éxito con el dinero menospreciando a las clases sociales más bajas, de las cuales muchos de estos artistas, o sus allegados, probablemente proceden. Encima clasistas.

Lo de cantar lo dejamos para otro día (otra vez, soy generoso al usar el verbo). Alardear de no saber cantar es algo habitual en estos pseudo-artistas, que se enorgullecen de gritar sin dicción alguna tema tras tema (está guay también que no se les entienda absolutamente nada cuando abren la boca).

Como decía Anuel… “Brrrrrrr, brrrrrrrrrr, brrrrrrrrrr”. Es escucharle y reafirmarme en que no hay nadie mejor que él para describir todo lo que he escrito en este post cultural.

Viva el reguetón, sí, pero bien hecho y sin estos esperpentos. Así como la comida afecta nuestra salud, la música también lo hace. Hay que tener cuidado con lo que escuchamos.

Imagen generada por IA