𝗥𝗘𝗟𝗔𝗧𝗢 𝗬 𝗣𝗢𝗘𝗦Í𝗔 𝗘𝗡 𝗟𝗔 𝗚𝗘𝗦𝗧𝗜Ó𝗡 𝗖𝗨𝗟𝗧𝗨𝗥𝗔𝗟
El texto subraya la importancia de crear un relato poético y único en la gestión cultural, para evitar la monotonía y dotar de profundidad a los proyectos, inspirándose en la filosofía y en la poesía para enriquecer propuestas culturales.
5/8/20243 min read


𝗥𝗘𝗟𝗔𝗧𝗢 𝗬 𝗣𝗢𝗘𝗦Í𝗔 𝗘𝗡 𝗟𝗔 𝗚𝗘𝗦𝗧𝗜Ó𝗡 𝗖𝗨𝗟𝗧𝗨𝗥𝗔𝗟
Hace días puse en valor la teatralidad como herramienta más que interesante para ser aplicada, tanto a un videoclip como a una propuesta artística, que pretende afianzarse en el mercado. Se trata de armar, fortificar y coser los recodos de un proyecto para dirigirlo con autoridad y cohesión.
Son muchos los programas culturales vacíos de relato y eso se evidencia cuando estos tienen como único atractivo una temática a vender, a secas, como si eso fuese suficiente. Cuando un proyecto cultural nace debe tener, entre otras cosas, una pretensión de permanecer en el tiempo, que sea estable año tras año. Para ello es fundamental crear un relato y acercarlo a la poesía. Un festival de flamenco, por ejemplo, no puede sostenerse con un nombre y una propuesta estilística. La monotonía está asegurada, será previsible año tras año. Sólo cambiará el nombre de las bandas y/o artistas que lo conforman. Lo que parecerá algo novedoso en las primeras ediciones será más de lo mismo en las siguientes.
Existen multitud de relatos, poéticamente hablando, para elevarlos a un nivel superior. Por ejemplo, jugar con los colores, temáticas que en cada edición sean irrepetibles y que aúnen los diferentes artistas bajo un mismo paraguas. Hablo del subtítulo, de ser creativo en cada edición. Aquí la poesía tiene mucho que decir y aporta un valor intangible. ¿Os imagináis que ese festival cohesiona a los artistas que lo conforman bajo el lema “La pasión”, o el “desamor”? La propuesta cobra otra dimensión, dará al programa un valor añadido que incrementará el interés del público. Homenajear a un poeta, jugar con un color, una estación, un verso, una emoción, un elemento, un concepto filosófico o artístico… sería subir un peldaño de calidad. Claro está que implica un trabajo extra para el gestor y acota las posibilidades de contratación al tener que ajustarse a un relato, pero con tiempo, sondeo y seducción se puede lograr una edición única e irrepetible. Sí, hay que trabajar, no sólo vender, poner en valor capacidad y entrega. Así, dejaría de ser un festival más entre muchos y destacaría por su distinción.
He de reconocer que desde pequeño me fascina la filosofía, eso me llevó a comenzar a estudiarla en la Universidad de Málaga. Esta vocación me ha llevado a extender mi interés en la filosofía a otros ámbitos. Para mí, al igual que para María Zambrano, filosofía y poesía van cogidas de la mano. Es por ello que me resulta muy inspiradora su visión poética cuando afirmaba que “la palabra de la poesía temblará siempre sobre el silencio y sólo la órbita de un ritmo podrá sostenerla”. Para la filósofa, la música nos acercaba a un nuevo tipo de racionalidad. Del mismo modo que un poeta, un gestor cultural debe tener cierta capacidad de explorar lo metafísico, estar en contacto con lo abstracto, ese universo del que proviene el arte de la música; tener ese don que le permita acercarse a un concepto y ponerlo en valor dentro de un programa cultural. La filósofa veleña, en este sentido, sentenciaba que “todo poeta supone una metafísica; acaso cada poema debiera tener la suya –implícita, claro está, nunca explícita–, y el poeta tiene el deber de exponerla por separado, en conceptos claros. La posibilidad de hacerlo distingue al verdadero poeta del mero señorito que compone versos.“
Retomando el concepto de relato y a modo de ejemplo, la sinestesia y la música forman un relato en sí mismos. Son un ejercicio metafísico, de intuición. ¿Os imagináis una canción verde? Cuando escucho una pieza musical en Re menor puedo acariciar el verde botella, me es inevitable escapar del azul cuando la tonalidad de Sol Mayor invade mis oídos. Imposible evadir el amarillo del Si bemol. De olores, recuerdos, palabras y sentimientos ya ni os cuento… En fin, parece sencillo, pero no confundamos, no es en absoluto algo simple ni baladí. Como dijo Séneca: “veritatis simplex oratio est” (el lenguaje de la verdad es sencillo).
Fotografía: Alicia Savage
